CÓMO RECONOCER LA VOZ DE TU ALMA EN LA VIDA DIARIA
CÓMO RECONOCER LA VOZ DE TU ALMA EN LA VIDA DIARIA
Hoy quiero abrir un tema que muchas personas sienten, pero pocas se animan a explorar en serio: cómo distinguir la voz del alma de la voz de la mente.
La mente es rápida, ruidosa, lógica. Se adelanta, calcula, repite historias viejas. El alma, en cambio, es simple. Nunca se apura, nunca compite, nunca presiona. Habla con una honestidad tan delicada que a veces cuesta escucharla. Pero está ahí, siempre.
La pregunta es: ¿cómo reconocerla en medio del ritmo cotidiano?
Primero hay que entender algo fundamental: el alma no discute. Propone. Si una idea llega con tensión, apuro, miedo o presión… eso es mente. Cuando la sensación es calma, claridad o una certeza suave que no sabés explicar, ahí suele haber un mensaje más profundo.
En la vida diaria, el alma se expresa a través de intuiciones que aparecen sin que las busques: un “sí” o un “no” que sentís en el pecho antes de pensar. Una emoción que surge al ver algo que te toca. Ese impulso natural que te acerca a lo que te hace bien y te aleja de lo que te drena.
También habla en los silencios. En esos segundos después de una respiración profunda, cuando el cuerpo se afloja y de pronto sabés qué hacer sin pensarlo demasiado. Es el mismo lenguaje que aparece en la meditación cuando todo se acomoda solo.
Para escucharla más seguido, hay que bajar velocidad. No necesariamente en acciones, sino en presencia. Podés hacerlo caminando despacio, respirando consciente, tomando unos segundos para sentir el cuerpo antes de responder. Estos pequeños gestos abren espacio. Y donde hay espacio, la voz del alma se vuelve más nítida.
Cuando algo es para vos, lo vas a sentir en expansión. Cuando no lo es, el cuerpo lo muestra con cierre: incomodidad, peso, rechazo. El alma siempre sigue la línea de la coherencia. La mente puede inventar mil excusas; el alma no tiene tiempo para eso.
Con el tiempo, esa voz se vuelve familiar. Te guía en decisiones grandes y en detalles cotidianos. Te ordena, te protege, te orienta hacia lo que te potencia. Y lo más hermoso: jamás te juzga. Solo te vuelve a mostrar quién sos.
Si estás en este camino, seguí escuchándote. No hay brújula más certera que tu propio centro.
Karina — Profesora de Yoga Integral
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Ajna Zen