MEDITAR: EL ARTE DE ESCUCHAR EL SILENCIO QUE YA ESTÁ DENTRO TUYO
Soy Karina, profesora de Yoga Integral, y hoy quiero hablarte de una práctica sencilla en apariencia, pero transformadora en su esencia: la meditación.
Muchas personas llegan a mis clases diciendo que “no pueden meditar” porque no logran dejar la mente en blanco. Ese es uno de los grandes mitos que tenemos que desmontar. La meditación no es apagar la mente; es observarla sin enredarse en cada pensamiento. Si la mente piensa, está haciendo su trabajo. Si vos observás, estás haciendo el tuyo.
La meditación comienza con un gesto íntimo y valiente: sentarte contigo misma. No para corregirte, ni para juzgarte, sino para escucharte. A veces te vas a encontrar con calma, otras con distracción, otras con emociones más intensas. Cada encuentro es legítimo. Cada encuentro trae información.
En Yoga Integral trabajamos mucho la meditación guiada, la meditación en silencio y las prácticas de atención plena. Siempre digo que meditar es como afinar un instrumento que ya suena, pero necesita ajuste para recuperar su armonía. Y ese instrumento sos vos.
Una de las formas más accesibles para comenzar es anclar la atención en la respiración. Sentir cómo entra, cómo sale, cómo el cuerpo responde a ese ritmo. Cuando aparece un pensamiento —porque va a aparecer— simplemente lo dejás pasar, igual que mirarías una nube cruzando el cielo. No lo seguís, no lo empujás. Lo dejás ser.
Meditar no es solo calmar la mente. Meditar es recordar quién sos cuando dejás de correr detrás del ruido externo. Es un retorno suave hacia la parte más auténtica de vos misma, esa que siempre está ahí, aunque a veces quede escondida bajo capas de cansancio, preocupaciones o exigencias.
Siempre digo que el alma no grita; susurra. Y la meditación es el espacio donde finalmente podés escuchar ese susurro. No es magia: es presencia. Cuando cerrás los ojos, respirás profundo y permitís que la conciencia se sostenga en el ahora, algo dentro tuyo empieza a ordenarse. La energía baja, las emociones se aclaran, y lo que parecía confuso empieza a tener sentido.
Cuando la energía se aquieta, aparecen mensajes sutiles: intuiciones claras, emociones que piden atención, deseos profundos que antes estaban ocultos. A veces surge una sensación de alivio, otras una fuerza renovada, otras una comprensión que no viene del pensamiento lógico, sino de un saber más antiguo. Eso es tu alma hablándote.
Y lo más hermoso es que no necesitás ser experta ni tener años de práctica. Lo único que necesitás es honestidad interna y unos minutos de silencio consciente. El puente siempre está ahí; la meditación simplemente te muestra cómo cruzarlo.
Cada vez que meditás, fortalecés ese vínculo. Te volvés más coherente, más sensible, más alineada con lo que realmente querés. Y cuando empezás a vivir desde ese lugar, todo alrededor cambia —tus decisiones, tu energía, tus vínculos, incluso tu cuerpo lo siente.
La meditación es una herramienta, sí, pero también es un camino de regreso a casa. Un camino hacia tu alma, que siempre te espera con paciencia, con claridad y con una verdad que solo vos podés escuchar.
También usamos visualizaciones: recorrer el cuerpo con la conciencia, imaginar luz en el centro del pecho, observar un paisaje interior. Estas imágenes no son fantasía; son puentes para que la mente se ordene y la energía se estabilice.
Con el tiempo, la meditación se convierte en un espacio seguro. Un refugio al que podés volver cuando el mundo te exige más de lo que tenés para dar. Te reconecta con tu intuición, te baja la ansiedad y te ayuda a tomar decisiones desde un lugar más claro y menos reactivo.
Meditar no es para gente “espiritual” ni para quienes viven en calma. Es para seres humanos que buscan conocerse y vivir con mayor coherencia. Es para vos.
Si sentís el llamado a profundizar, seguiremos explorando juntas este universo interior que siempre nos espera con paciencia.
te dejo de regalo una pequeña pero poderosa meditacion.
MEDITACIÓN GUIADA: EL PUENTE HACIA TU ALMA
Cerrá los ojos lentamente.
Sentí cómo el cuerpo encuentra su lugar… sin forzarlo… sin corregir nada. Solo dejá que todo sea como es.
Inhalá profundo por la nariz.
Exhalá suave, como si soltaras un peso antiguo.
Una vez más… inhalás… y al exhalar, el cuerpo empieza a aflojarse.
Llevá la atención al corazón.
No al órgano físico, sino al espacio interno que se abre en el centro del pecho. Imaginá una luz tenue ahí, como una pequeña llama que nunca se apaga.
Cada inhalación alimenta esa luz.
Cada exhalación limpia lo que ya no necesitás.
Dejá que la respiración se vuelva un puente.
Un puente silencioso que te conecta con esa parte de vos que sabe, que recuerda, que guía.
Ahora visualizá que desde el corazón nace un camino hecho de luz.
Un sendero suave, claro, que avanza hacia adelante.
No tenés que forzarlo, solo observarlo.
Cuando estés lista, comenzá a caminar por ese sendero con tu intención.
Cada paso te lleva más cerca de tu alma.
No hay prisa… no hay exigencias… solo presencia.
Sentí cómo cambia tu energía cuando avanzás.
El cuerpo se vuelve más liviano… la mente más amplia… el corazón más abierto.
En el centro del camino aparece una luz más grande.
Es cálida, protectora, familiar.
Acercate a ella sin miedo.
Es tu alma esperándote.
Dejá que esa luz te envuelva.
Sentí cómo te abraza desde adentro.
Cómo te recuerda quién sos más allá de tus historias y preocupaciones.
Preguntale en silencio qué necesitas en este momento.
La respuesta puede ser una palabra, una sensación, una imagen o simplemente un alivio en el pecho.
No la fuerces. Confiá.
Quedate unos instantes escuchando… respirando… recibiendo.
Cuando sientas que es tiempo, agradecé a tu alma por mostrarse y por guiarte siempre, incluso cuando no la escuchás.
La luz empieza a volverse más suave… el sendero permanece, pero te invita a volver despacio al presente.
Respirá profundo…
Sentí tu cuerpo…
Tus manos… tus piernas… tu espalda.
Traé esta claridad de regreso con vos.
Traé esta conexión a tu día… a tu vida… a cada decisión que tomes.
Cuando estén listas, abrí los ojos lentamente.
El puente sigue ahí. Solo necesitás silencio para cruzarlo de nuevo.
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Karina — Profesora de Yoga Integral
Ajna Zen